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De sexo, ensoñaciones y tiempo: la imperdible muestra que revela el imaginario surrealista de Salvador Dalí

De sexo, ensoñaciones y tiempo: la imperdible muestra que revela el imaginario surrealista de Salvador Dalí

Mayo 21, 2019


La tecnología permite viajar en el tiempo, asistir con la mirada a increíble figuras ficcionales realizadas por algún equipo de creadores detrás de una computadora, a visitar destinos más allá de lo que la propia imaginación nos permite. Todo eso, y bastante más, ya lo hacía solo, por su cuenta, Salvador Dalí, el enorme genio español, quien a lo largo de su carrera desarrolló una obra tan original y disparatada, como las razones que esgrimía para explicar su arte.

Elefantes de patas de garza. Huevos. Figuras que aparecen y difuminan como fantasmas de vapor según el ángulo de observación. Y sí, relojes blandos. Todas estas imágenes asociadas a la obra de creador catalán pueden encontrarse en la espectacular muestra El Surrealismo de Dalí, que hospeda el Centro Cultural Borges hasta el 11 de agosto.

Algunas obras de la serie Tarot

Allí cohabitan de más de cien piezas, entre esculturas, grabados, serigrafías y litografías originales de una colección privada -que en total tiene 317 piezas- que fueron cedidas por Enrique Sabater, secretario y administrador de Dalí entre 1968 y 1980.

 

"La muestra propone elementos estructurados y al mismo tiempo los rompe con elementos desestructurados. Desde la curaduría tratamos de maximizar y potenciar esa gimnasia en el cerebro del visitante. A partir de esta propuesta, del enfrentamiento entre un elemento y otro comienza el juego daliniano", explicó el curador Ignacio Shanahan a Infobae Cultura.

San Jorge y el dragón

La expo está articulada a través de distintas series –Tarot, Daliniana, Unitarios, Casanova, Del Cosmos, y Objeto e imaginación del futuro– que revelan todo el universo simbólico de Dalí.

La serie Tarot cuenta con reminiscencias de periodos romanos y griegos. A través de 24 obras se aprecian sus interpretaciones donde, por ejemplo, la emperatriz es Gala, su última musa y su gran amor. "Desde el momento que se conocieron nunca más se separaron. Él solía decir 'si usted quiere ser un pintor genial, ante todo, debe casarse con Gala'. Por eso es la emperatriz, la dueña del conocimiento y del poder", dijo Shanahan.

La emperatriz

Además, en esta serie puede apreciarse los dos paisajes que lo acompañaron durante toda su obra: el desierto y la playa. "Siempre que vean una obra de Dalí van a preguntarse dónde estoy. En cada caso va a haber una figura que nos transporte allí, una barca, un erizo, un pescador, arena".

La serie Daliniana, también compuesta por 24 piezas, es la más heterogénea de todas, con obras comprendidas entre el '78 y el '81, y en la que se observan desde oficios y trabajos con un corte netamente surrealistas y donde se mezclan la mayor cantidad de técnicas y formatos. Uno de ellos son los dibujos realizados en papel de cáscara de arroz , un material biodegradable.

"Estas fueron obras creadas para desaparecer en el tiempo. No van a durar para siempre, tiene una fecha de vencimiento intrínseca, el papel se convertirá en polvo. Y pienso que Dalí nos habla otra vez de la temporalidad, de lo efímero en el mundo material, y del arte como algo que tenemos que absorber antes de que desaparezca", dijo el curador durante el recorrido.

 

Los simbolismos aparecen aquí de manera recurrente: desde las hormigas como el símbolo indiscutido de la laboriosidad y el trabajo permanente hasta "el huevo, algo que da la vida, una semilla, un instante de la génesis donde el tiempo y el espacio se funden en una sola cosa".

La serie “Casanova”

Por su parte, la serie Casanova, de 12 obras, refleja algunas de las obsesiones del artista por el sexo. Quizá la obra más explícita es Pareja desnuda y gran serpiente, en la que expone cómo él, al tener un problema congénito que le impedía tener erecciones, se relacionaba sexualmente con Gala.

En Del cosmos y Objetos e imaginación del futuro, con 19 obras en total entre ambas, el pintor, grabador, escultor, escritor, dramaturgo, poeta y cineasta refleja otra de sus obsesiones: el futuro.

"El miraba el pasado para buscar inspiración, trabajo, talento. No miraba al presente, miraba a sus contemporáneos con desdén. Y por otro lado, tenía siempre una mirada puesta en el futuro a tal punto que muchos se preguntaron si poseía información sobre las tecnologías que vendrían, ya que se adelantó a algunas de ellas", explicó Shanahan.

Entre litografías y grabados se presentan algunos inventos en lo que el genio catalán se adelantó a su época -como los lentes inteligentes o las pantallas líquidas- y otros que aún no han podido ser creados -como la comunicación orgánica, en la que los pensamientos reemplacen a las palabras.

En estas series Dali no solo presenta al tiempo como una situación fluida, donde se pierden los registros de época y se confunden con las figuras antropomorfas que representan aquello que no podemos reconocer, pero que se nos hace familiar. Eso, lo que está allí, pero que no sabemos qué es; eso, que nos resulta extraño y a la vez cotidiano.

En las piezas Unitarias quizá se puede reconocer al Dalí más clásico, si es eso posible, o quizá el más mediatizado, aunque allí también se plantea ese constante juego por comprender cuál es el sentido de la existencia si aquello que creemos por real está basado solo en convenciones que pueden ser transmutables de un minuto a otro.

El Surrealismo de Dalí cuenta con 5 esculturas en bronce realizadas por el artista junto a eximios fundidores italianos y una variada colección de publicaciones. Aunque hay, a modo de cierre, dos joyas imperdibles.

Aproximación a “Don Quijote”

Una es la litografía Don Quijote, realizado con remolinos de tinta y donde destaca un preciosismo miniaturista en un detalle que el público deberá mirar a través de una lupa colocada junto a la obra en otra propuesta lúdica del artista al que la perspectiva y el detalle le parecían tan importantes como la obra en su totalidad.

También, en el centro de la sala, se encuentra Gala de espaldas mirando el mar Mediterráneo, una pieza de arte óptico de fama mundial en la que según la distancia desde donde se la observe se puede apreciar el rostro de Abraham Lincoln o a Gala mirando el océano a través de un ventanal debajo de un cristo crucificado -representado desde una toma cenital-, entre otros detalles imperdibles.

Salvador Dalí solía mentir. Y mucho. Sus elucubraciones podían ser tan disparatadas -o más- que su propia obra, lo que, en un punto, resulta lógico. Nadie en su sano juicio hubiese podido o podría generar toda una iconografía tan imaginativa y reconocible. Eso que la historia del arte se encargó de llamar surrealismo, que no fue otra cosa que la relación entre los sueños y el inconsciente con el ser creativo.

Y Dalí mentía, o al menos exageraba, cuando decía que toda su obra en realidad había surgido durante los 9 meses que estuvo en el vientre de su madre o que tal o cual pieza había surgido durante el descanso. El ejemplo más famoso, sus relojes blandos, que según él aparecieron durante una de sus micro siestas en forma de queso camembert y, aseguraba, nada tenían que ver con las teoría cuántica o las ideas de Einstein que estaban en boga cuando los llevó por primera vez al lienzo, en la icónica pintura La persistencia de la memoria (1931).

En lo que no mintió, sin embargo, es en que su obra resistiría al tiempo, ese enemigo o aliado con el que mantuvo un forcejeo hasta el final de sus días. "El surrealismo, y puntualmente el de Dalí, está cada día más vivo. No es para nada un movimiento artístico del siglo pasado. Hoy en día existen manifestaciones culturales en cada rincón del planeta que tienen que ver con el surrealismo, de la moda y las artes gráfica a la literatura y el cine", finalizó Shanahan.

Fuente: Infobae
 

 


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